Si estás leyendo estas líneas, es muy probable que tú también sientas esa inquietud constante que nos acompaña a los agricultores de secano en Castilla y León cada vez que arranca una nueva campaña. Te habrás preguntado más de una vez si merece la pena seguir enganchando el arado de vertedera o el cultivador, gastando litros y litros de gasóleo a precio de oro, para luego ver cómo el sol abrasador de julio se bebe en cuestión de días la poca humedad que habías conseguido acumular en el suelo.
Yo me lo pregunté hace tiempo y la respuesta que encontré cambió para siempre mi forma de entender la agricultura.
A lo largo de este artículo quiero hablarte de tú a tú, de agricultor a agricultor. Te voy a mostrar, paso a paso y con los
datos de esta misma campaña sobre la mesa, cómo he conseguido implantar un cultivo de girasol en siembra directa
rigurosa en secano con unos resultados espectaculares. Vas a comprender por qué la siembra directa no es una simple alternativa tecnológica, sino la decisión agronómica más inteligente y rentable que puedes tomar para el futuro de tu explotación.
Para que entiendas perfectamente lo que he hecho en mi parcela y puedas extrapolarlo a la tuya, primero tienes que
situarte en nuestro contexto geográfico y edáfico. Adrados se encuentra en el norte de la provincia de Segovia,
encuadrado en la comarca natural de la Tierra de Pinares y muy próximo a los Valles de Fuentidueña.
Hablamos de un secano castellanoleonés puro y duro, situado a una altitud superior a los 830 metros sobre el nivel del mar, donde la climatología no perdona y los errores en el manejo del suelo se pagan carísimos al final del verano.
Nuestros suelos en Adrados son variables, pero predominantemente francos, franco-arenosos y en algunas zonas franco-calizos. Tienen una tendencia natural a presentar bajos contenidos de materia orgánica (históricamente por debajo del 1,2% debido a décadas de laboreo intensivo y quema o empacado sistemático de pajas).
Son terrenos con una capacidad hídrica limitada en los primeros centímetros y muy propensos a la formación de costra superficial o «sellado» si cae una tormenta fuerte tras haber dejado la tierra totalmente desnudada por el cultivador.
El desafío del secano segoviano: Disponemos de una pluviometría media anual que ronda los 400 - 450 mm, distribuida de forma totalmente irregular. El girasol es un cultivo de ciclo primaveral-estival que en nuestras tierras florece y llena el grano en pleno mes de julio y agosto, cuando las precipitaciones son prácticamente nulas y las temperaturas superan fácilmente los 35 °C. Por tanto, la única agua con la que cuenta la planta para llenar sus pipas es el agua que hayamos sido capaces de "almacenar y conservar" en el perfil del suelo desde el invierno anterior.
Si en un entorno como este tú entras con un pase de vertedera o de cultivador en primavera, lo que estás haciendo en
realidad es abrir una herida en el suelo por la que se escapan decenas de litros de agua por metro cuadrado en forma de vapor.
En mi caso, decidí que ni un solo litro de agua de mis campos de Adrados se iba a regalar al aire. Y la herramienta para lograrlo fue la siembra directa sobre el rastrojo intacto del cereal previo.
Quiero detallarte exactamente cómo se ha comportado el tiempo durante esta campaña en Adrados para que comprendas el milagro hídrico que supone la siembra directa.
Veníamos de un otoño y un invierno en los que las lluvias aparecieron de forma moderada pero constante. No tuvimos precipitaciones astronómicas, pero sí las suficientes para ir cargando el perfil del suelo en profundidad (entre los 40 cm y el metro de profundidad).
En el manejo convencional, muchos vecinos salieron en marzo y abril a laborar la tierra para «preparar la cama de siembra». En cuanto el cultivador voltea o remueve los primeros 10-15 cm de suelo para alisar la parcela y destruir las hierbas nacidas, se produce una pérdida inmediata de humedad por evaporación directa. Si a esto le sumas que la primavera en Segovia vino marcada por días de viento fresco del norte y episodios de calor temprano en mayo, los suelos laboreados tradicionalmente llegaron a la fecha de siembra con la capa superficial (los primeros 5-7 cm) completamente seca como la ceniza.
En mi parcela de Adrados el panorama era radicalmente distinto. Al no haber tocado el suelo con ningún aperos de laboreo, la paja y el rastrojo alto de la cosecha anterior de trigo actuaron como una cubierta protectora, un verdadero «mulch» o mantillo orgánico natural. Este colchón vegetal ofreció tres beneficios climatológicos fundamentales:
Efecto amortiguador térmico: Durante las horas centrales del día, la temperatura de la superficie del suelo bajo el rastrojo se mantuvo entre 4 °C y 7 °C por debajo de la temperatura de los suelos desnudos colindantes. A menor temperatura del suelo, menor presión de vapor y menor evaporación.
Ruptura de la escorrentía y evaporación: Las escasas lluvias de primavera no impactaron directamente contra los agregados del suelo, evitando la formación de la temida costra superficial. El agua infiltró al 100% por los macroporos y galerías dejadas por las raíces del cultivo anterior.
Retención de la humedad de tempero: En la tercera semana de mayo, cuando metí la sembradora directa, la tierra tenía tempero perfecto a tan solo 2,5 cm de profundidad. Mientras los tractores con laboreo convencional tenían que profundizar a 6 u 8 cm buscando humedad (arriesgándose a enterrar la semilla demasiado y ahogarla), yo pude sembrar a la profundidad ideal de 3,5 cm sobre una capa húmeda, mullida y llena de actividad biológica.
Cuando llegó el severo estío segoviano —con semanas enteras sin caer una sola gota en julio y agosto y termómetros rozando los 38 °C—, mientras el girasol convencional de la zona empezaba a acusar un severo estrés hídrico (perdiendo hojas inferiores y acortando drásticamente la fase de llenado), mi girasol mantenía un aparato foliar verde, turgente y fotosintéticamente activo, extrayendo agua de las reservas profundas que habíamos protegido bajo el rastrojo.
Si te fijas con atención en las fotos de mi campo (especialmente en las vistas generales de la parcela), verás algo que llama poderosamente la atención a los agricultores tradicionales: la densidad de rastrojo de cereal que permanece de pie e intercalado en el suelo.
No hay tierra limpia, no hay polvo fino, no hay surcos de arado. Lo que ves es un ecosistema edáfico vivo y protegido.
En la siembra directa de girasol, el rastrojo del cultivo antecedente no es un estorbo ni un residuo del que haya que deshacerse; es el activo más valioso de la parcela. En mi caso en Adrados, la rotación previa consistió en un cereal de invierno.
Tras la cosecha de cereal, dejé la paja picada y repartida homogéneamente con la cosechadora, manteniendo el rastrojo con una altura de unos 15 a 20 cm.
Suelo estructurado biológicamente: Al no voltear la tierra, las raíces muertas del cereal se van descomponiendo lentamente, dejando canales verticales (bioporos) por los que las raíces pivotantes del girasol pueden descender en
profundidad sin encontrar barreras mecánicas.
Inexistencia de suela de labor: El arado tradicional genera a 25-30 cm una capa compactada e impenetrable conocida como «suela de labor». La raíz del girasol es fuertemente pivotante; si choca contra una suela de labor, la raíz se dobla en ángulo recto («raíz en L» o en jota), impidiendo que la planta explore el subsuelo. En mi terreno en directa, la raíz ha penetrado recta como un huso buscando la humedad profunda.
Biología y lombrices en plena actividad: Bajo la cubierta de rastrojo, la población de lombrices de tierra (como la Lumbricus terrestris) aumenta exponencialmente. Sus galerías incrementan la capacidad de infiltración del agua de lluvia hasta en un 300% respecto a un suelo labrado.
Manejo de vegetación adventicia pre-siembra: Para llegar al momento de la siembra con el terreno impecable sin tocar la tierra mecánicamente, realicé un tratamiento de presiembra o «quemado» muy técnico. Apliqué una dosis ajustada de glifosato junto con un acondicionador de agua de pulverización para eliminar la nacencia de malas hierbas de primavera (como Chenopodium, Salsola o rebrotes de cereal). De esta forma, maté la competencia hídrica de raíz sin remover ni un solo milímetro de suelo, conservando intacta la estructura interna de la tierra.
Llegamos al momento cumbre: la siembra. Te voy a contar exactamente cómo la realicé en mis tierras de Adrados porque la precisión en la siembra directa de girasol es el 80% del éxito de la cosecha.
Para sembrar girasol en directa no sirve cualquier máquina de chorrillo ni una sembradora convencional de monograno adaptada a la fuerza. Se requiere una sembradora específica de siembra directa monograno neumática, equipada con:
Disco cortador frontal (disco abridor o ‘turbo’): Un disco alabeado o liso de acero de alta resistencia situado al frente de cada cuerpo de siembra, encargado de cortar limpiamente la paja y el rastrojo sin empujarlo hacia el fondo del surco (evitando el efecto hairpinning o encintado de paja).
Aparta-rastrojos o limpiadores de línea: Discos estrellados montados por delante del doble disco sembrador que apartan suavemente los restos vegetales más gruesos unos 3-5 cm a cada lado del surco, dejando una franja de tierra descubierta muy estrecha para que el sol caliente la línea de siembra y la semilla germine con fuerza.
Doble disco sembrador en V con ruedas limitadoras de profundidad: Permiten depositar la pipa de girasol exactamente a la profundidad programada, independientemente de las irregularidades del terreno.
Rueda apretadora de semilla (lengüeta o rueda de caucho/teflón): Sujeta la pipa contra el fondo húmedo del surco para garantizar un contacto íntimo entre la semilla y la tierra, imprescindible para la imbibición de agua.
Ruedas cerradoras traseras en V de fundición o caucho dentado: Cierran el surco ejerciendo presión lateral, eliminando las bolsas de aire pero sin compactar en exceso el lomo del surco.
Parámetros técnicos de siembra en mi parcela de Adrados:
• Fecha de siembra: Mediados de mayo (buscando la temperatura óptima de suelo; 10 °C).
• Dosis de siembra / Densidad: 48.000 semillas/ha (apróx. 3,8 kg/ha según calibre). En nuestro secano de Segovia no debemos pecar de exceso de densidad; un marco de 45.000 a 50.000 plantas/ha es el equilibrio perfecto entre rendimiento por planta y disponibilidad hídrica.
• Distancia entre líneas: 70 cm.
• Distancia entre plantas en la línea: ~29 - 30 cm.
• Profundidad de siembra: 3,5 cm constantes.
• Velocidad de trabajo: 5,5 - 6 km/h. ¡Jamás corras en siembra directa! La precisión de la colocación de la semilla vale diez veces más que la prisa por terminar la parcela.
Gracias a esta calibración rigurosa, conseguí una nascencia espectacularmente homogénea. Todas las plantas emergieron en la misma ventana de 48 horas, lo que garantiza que la floración y la maduración hayan transcurrido de forma totalmente sincrónica.
Te invito ahora a observar detenidamente las fotos que nos acompañan en este artículo. Como puedes ver, me encuentro en medio de la parcela en la fase de maduración fisiológica avanzada del cultivo (estado fenológico R-8 / R-9 en la escala decimal de Schneiter y Miller).
Se puede apreciar de primera mano el impresionante resultado de este manejo:
Diámetro y arquitectura de la torta: Se observa un capítulo masivo, con un diámetro superior a los 28 – 30 cm. En secano riguroso en Segovia, conseguir capítulos de este calibre solo es posible cuando la planta ha dispuesto de agua continua durante la etapa de división celular y llenado del grano.
Llenado completo hasta el centro: Fíjate en el centro de la torta. Uno de los mayores problemas del girasol sometido a estrés hídrico es el «centro vano» o estéril, donde los florones centrales no cuajan o producen pipas vacías sin almendra. En la foto ves cómo las flores tubulares y los aquenios ocupan apretadamente hasta el mismísimo
centro del capítulo. Todas las pipas están cuajadas y llenas.
Estado de maduración fisiológica (R-8 a R-9): El reverso del capítulo ha cambiado drásticamente del verde al amarillo canario y comenzando a tomar tonos marrones pálidos. Las brácteas involucrales (las pequeñas hojitas que rodean la parte trasera del capítulo) están secas y marrones.
Las flores liguladas (los pétalos amarillos exteriores) se han caído por completo. Esto indica que el transporte de fotosintatos desde las hojas hacia el grano ha finalizado; la planta ya ha fijado el rendimiento y el porcentaje de materia grasa (aceite).
Si aún tienes dudas o sientes ese miedo respetable al cambio que todos hemos tenido antes de dar el salto, quiero resumirte las 10 razones fundamentales por las que debes dar el paso a la siembra directa en tu cultivo de girasol:
Pasar de consumir 80 litros de gasóleo por hectárea a apenas 15 litros supone un ahorro financiero directo e inmediato de más de 60-70 €/ha en cada campaña solo en el depósito del tractor. Si a esto le sumas el menor desgaste de neumáticos, la reducción de averías y la menor amortización de tractores de gran caballaje, los números se vuelven arrolladores.
La cubierta de rastrojo actúa como una tapa protectora sobre el suelo. Reduce la evaporación directa, baja la temperatura del suelo y permite que hasta la última gota de las tormentas de primavera se infiltre en el perfil en lugar de correr ladera abajo llevándose la mejor tierra.
El girasol es una planta con una capacidad radicular prodigiosa, capaz de extraer agua a más de un metro de profundidad si el suelo se lo permite. Al eliminar el arado, eliminamos la suela de labor. La raíz del girasol utiliza los conductos dejados por las raíces del cereal previo y baja recta hacia las reservas profundas, resistiendo olas de calor que secan por completo los girasoles de laboreo.
El laboreo tradicional es una combustión lenta de la materia orgánica: al oxigenar el suelo con el arado, la microbiología degrada el humus rápidamente liberando CO2 a la atmósfera. En siembra directa, al devolver los residuos de cosecha año tras año a la superficie, la materia orgánica de tus parcelas empezará a subir progresivamente (ganando entre un 0,1% y un 0,2% cada 3-4 años). Un 1% más de materia orgánica en el suelo significa que la tierra es capaz de retener unos 150.000 litros extra de agua por hectárea.
El tiempo es el recurso más valioso que tenemos los agricultores. Mientras tu vecino necesita tres o cuatro pases de tractor antes de sembrar (enganchar vertedera, pasar cultivador, dar grada, sembrar), tú haces el trabajo en una o dos intervenciones rápidas. Puedes gestionar más superficie de cultivo con la misma mano de obra o dedicar tu tiempo a la gestión estratégica de tu explotación.
¿Sabías que cada vez que pasas el cultivador estás enterrando semillas de hierbas viables y desenterrando otras que llevaban años dormidas para ponerlas en condiciones de germinar? Al no remover la tierra en siembra directa, el banco de semillas de malas hierbas permanece enterrado en profundidad o dormido en la superficie, reduciendo las nacencias masivas de hierbas de difícil control..
Segovia sufre episodios de tormentas estivales violentas y vientos intensos. Ver cómo una tormenta de 30 litros en junio crea regueros en una parcela laboreada y se lleva toneladas de la mejor capa fértil de la tierra da verdadera lástima. En siembra directa, el agua de tormenta impacta sobre la paja, pierde velocidad e infiltra limpia. Tus fincas no pierden tierra fértil jamás.
Quizá la razón más importante no se mide en euros, sino en tranquilidad. Saber que tus campos están preparados para aguantar un año seco, que tu tierra retiene la humedad y que no has arriesgado un fortunón en gasóleo antes de ver si el año viene bueno o malo, te da una paz mental impagable.
Hacer agricultura en Adrados y en cualquier rincón de nuestra provincia de Segovia es un privilegio, pero también una responsabilidad. No podemos seguir tratando al suelo como un simple soporte inerte al que hay que castigar a hierro y gasóleo año tras año.
El suelo es un organismo vivo que, si lo respetas, te devuelve la inversión multiplicado por diez.
Mirando de nuevo estas fotos que me hice en el campo, siento un orgullo tremendo. Ver estas tortas de girasol perfectamente colmadas de pipas, con un peso que inclina la cabeza de la planta, sabiendo que se han criado sin una sola labor de arado y conservando cada gota de agua de nuestras tierras de Adrados, me confirma que este es el camino correcto.
Te animo sinceramente a que des el paso. No hace falta que transformes el 100% de tu explotación el primer año si no te sientes seguro. Haz la prueba en una parcela, compara los costes de gasóleo, mira la nascencia, observa cómo aguantan los calores de julio y saca tus propias conclusiones cosechadora en mano.
Estoy convencido de que, una vez que pruebes la siembra directa de girasol en secano, no volverás a enganchar el arado jamás.
¡Nos vemos por Adrados y feliz cosecha!